El caminante sobre el mar de nubes

El caminante sobre el mar de nubes

El caminante sobre el mar de nubes

«Un análisis de la obra con perspectiva masónica»

 

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La obra y su iconografía

«El caminante sobre el mar de nubes» es una obra maestra del Romanticismo alemán pintada en 1818 por Caspar David Friedrich (1774-1840), utilizando la técnica de óleo sobre tela y con unas medidas de 74,8 centímetros de ancho por 94,8 de alto. Se conserva en la Kunsthalle de Hamburgo y es un icono cultural reinterpretado en numerosas ocasiones tanto en el cine, la televisión como la publicidad. La obra representa a un hombre de espaldas contemplando un paisaje montañoso a través de un mar de niebla. El paisaje representa la Suiza Sajona.

Contexto histórico y corriente romántica

Para entender la obra debemos analizar su contexto histórico y la corriente artística a la que pertenece. El siglo XIX fue un periodo de incertidumbre en Europa, época de agitación política, social y económica y a la vez caldo de cultivo de su corriente cultural, artística y literaria, el romanticismo, caracterizado por expresar emociones individuales, rastrear la naturaleza y cuestionar la relación entre el ser humano y el universo, temas que se manifiestan claramente en esta obra como ahora veremos.

Los artistas románticos del siglo XIX se alzaron contra los imperativos de la razón, propios del “siglo de las luces”, el XVIII, elevando el sentimiento y la subjetividad frente a la razón fría y calculadora. Para ellos el ser humano está estrechamente ligado a las fuerzas de la naturaleza, de las cuales no puede desligarse, de ahí su amor por ella y que en este cuadro es su protagonista.

El caminante sobre el mar de nubes: figura de espaldas sobre un peñasco frente a montañas y niebla

La vida masónica cotidiana no transcurre solo en el templo: se extiende a cada gesto, a cada elección, a cada silencio.

Razón, emancipación y masonería

Ambos siglos, el XVIII y el XIX, cada uno en su contexto, en los que el ser humano pregunta, duda, critica, busca respuestas, se emancipa… y en el que la masonería tiene un papel muy importante que jugar, como herramienta, apoyo, medio de reflexión, pensamiento y despertar de conciencias y que tanto rechazo provocó precisamente en aquellos cuyo poder temporal y espiritual creían ver en peligro por considerar que era único e infalible.

Composición y estructura visual

En cuanto a la composición de la obra objeto de análisis, observamos una simetría perfecta formada por un triángulo en cuyo vértice convergen dos diagonales de las líneas de las montañas. A su vez, distinguimos dos planos: uno principal y próximo al espectador y otro más alejado.

Mandil y guantes masónicos sobre una mesa, con hermanos difuminados al fondo durante el ágape

El espectador y la experiencia de lo sublime

La esencia de una obra pictórica reside en la particular interpretación que de ella hace el espectador con independencia de los motivos que pudieron inspirar a su autor. El resultado trasciende a su creador, la obra acaba teniendo identidad propia, de alguna manera el espectador se emancipa, hace suya la situación y la experiencia del protagonista, es decir, el caminante en quien se mimetiza.

Con todo, más allá de su supuesta sencillez, la pintura esconde profundas reflexiones sobre la relación entre el individuo, la naturaleza y lo sublime. El caminante aparece vestido de negro, portando un bastón o cayado del que se ayuda para subir a la montaña, como ayuda necesitamos todos en muchos momentos de nuestras vidas, además permanece anónimo de espaldas y sobre una roca mientras mira un mar de nubes lo que permite al público mimetizarse con él. El ser humano frente a lo infinito, a la inmensidad del mundo y a lo desconocido cual alumno frente a la colosal tarea que tiene por delante. Su rectitud insinúa a la vez orgullo y vulnerabilidad, se siente elevado sobre las nubes cual sabio que cree haber llegado al final del camino y frágil como el principiante en actitud de avanzar. Friedrich utiliza la figura de espaldas —la llamada Rückenfigur— como recurso simbólico. El personaje no tiene identidad individual, podemos ser cualquiera de nosotros. De este modo, la pintura invita a que el espectador se ponga en el lugar del caminante y viva la experiencia de contemplar lo sublime.

La obra simboliza la pequeñez del ser humano que busca elevarse espiritualmente frente a la inmensidad de la naturaleza que le espera. El mar de nubes un velo de misterio entre el hombre y el mundo, ¿qué nos aguarda más allá? lo desconocido que espera ser explorado y que tanto temor provoca en el fanático que se aferra a su circulo de poder y ve peligrar su circulo de confort.

El contraste entre el primer plano oscuro y el fondo brillante parece una metáfora que separa el presente del futuro incierto. La nitidez del ahora frente al tenue e incierto mañana envuelto por nubes cuyos tonos claros parecen ser una invitación a la esperanza, a la ilusión, al optimismo. Vivamos el presente.

La vida masónica cotidiana no transcurre solo en el templo: se extiende a cada gesto, a cada elección, a cada silencio.

El espectador y la experiencia de lo sublime

La esencia de una obra pictórica reside en la particular interpretación que de ella hace el espectador con independencia de los motivos que pudieron inspirar a su autor. El resultado trasciende a su creador, la obra acaba teniendo identidad propia, de alguna manera el espectador se emancipa, hace suya la situación y la experiencia del protagonista, es decir, el caminante en quien se mimetiza.

Con todo, más allá de su supuesta sencillez, la pintura esconde profundas reflexiones sobre la relación entre el individuo, la naturaleza y lo sublime. El caminante aparece vestido de negro, portando un bastón o cayado del que se ayuda para subir a la montaña, como ayuda necesitamos todos en muchos momentos de nuestras vidas, además permanece anónimo de espaldas y sobre una roca mientras mira un mar de nubes lo que permite al público mimetizarse con él. El ser humano frente a lo infinito, a la inmensidad del mundo y a lo desconocido cual alumno frente a la colosal tarea que tiene por delante. Su rectitud insinúa a la vez orgullo y vulnerabilidad, se siente elevado sobre las nubes cual sabio que cree haber llegado al final del camino y frágil como el principiante en actitud de avanzar. Friedrich utiliza la figura de espaldas —la llamada Rückenfigur— como recurso simbólico. El personaje no tiene identidad individual, podemos ser cualquiera de nosotros. De este modo, la pintura invita a que el espectador se ponga en el lugar del caminante y viva la experiencia de contemplar lo sublime.

La obra simboliza la pequeñez del ser humano que busca elevarse espiritualmente frente a la inmensidad de la naturaleza que le espera. El mar de nubes un velo de misterio entre el hombre y el mundo, ¿qué nos aguarda más allá? lo desconocido que espera ser explorado y que tanto temor provoca en el fanático que se aferra a su circulo de poder y ve peligrar su circulo de confort.

El contraste entre el primer plano oscuro y el fondo brillante parece una metáfora que separa el presente del futuro incierto. La nitidez del ahora frente al tenue e incierto mañana envuelto por nubes cuyos tonos claros parecen ser una invitación a la esperanza, a la ilusión, al optimismo. Vivamos el presente.

El camino, los obstáculos y la introspección

En contra de lo que pudiera parecer el caminante no ha llegado ni ha terminado el sendero, mucho esfuerzo necesita antes de que su marcha haya terminado. El firme del camino aparece lleno de obstáculos, por tanto, es consciente de trabajo que aún tiene por delante.

La figura solitaria y el paisaje inhóspito evocan soledad e introspección. Un espacio para la reflexión y el encuentro con lo trascendente y con uno mismo. Una búsqueda que de sentido al camino.

Las montañas difusas y las nubes que se extienden como un océano transmiten una sensación de infinitud, evocando lo sublime, concepto estético que describía lo bello y a la vez lo aterrador. El hombre, diminuto en comparación con la magnitud del entorno, parece a la vez poderoso y vulnerable: se alza sobre la roca, dueño de una visión privilegiada, pero también consciente de su fragilidad ante la inmensidad natural.

Además, la técnica pictórica refuerza el sentido filosófico de la obra. Los tonos fríos, la atmósfera brumosa y la composición vertical enfatizan la elevación espiritual y el misterio.

La situación elevada del caminante puede aludir a la idea de superación y elevación espiritual, la búsqueda de la verdad y del conocimiento o unión con lo divino. El horizonte borroso sugiere que ese camino no tiene un recorrido claro: es un viaje más interior que físico.

El artista debe pintar no sólo lo que ve delante de él sino también lo que ve dentro de él.

Lecturas contemporáneas

Hay quien ve en el cuadro una reflexión sobre la modernidad. El caminante, con su atuendo burgués del siglo XIX, simbolizaría al hombre moderno que, pese a los avances técnicos y sociales, continúa sintiéndose frágil ante lo absoluto y desconectado de la naturaleza.

La presencia de la niebla y las montañas podría interpretarse como la dualidad, entre lo visible y lo oculto, lo tangible y lo abstracto, múltiples significados dependiendo de quien lo observe.

En conclusión, el caminante sobre el mar de nubes no es solo una representación de un hombre contemplando un paisaje, sino una profunda meditación sobre el ser humano y su relación con el mundo. Friedrich logra condensar en esta pintura los ideales románticos tanto externos como internos, el “conócete a ti mismo”. Por ello, la obra sigue siendo un símbolo perdurable de la sensibilidad romántica y de la eterna pregunta sobre nuestro lugar en el universo.

Si comparamos el mensaje original de la obra con el contexto actual nos encontramos que en la actualidad el romanticismo ha sido sustituido por las pantallas y la inteligencia artificial, que nos hace el trabajo más fácil pero nos idiotiza y nos vuelve vagos para la reflexión filosófica, las emociones y la exploración de la naturaleza, todo lo tenemos en la pantalla, excepto los sentimientos y la pasión que parecen dormidos en el interior de nuestros corazones y encerradas bajo los candados de la tecnología que pretende tener respuesta para todo menos para lo que verdaderamente importa: el pensamiento propio y crítico de lo que nos rodea, un pensamiento que no se deja influir por la falsedades que inundan las redes.

Friedrich convierte la contemplación del paisaje en una metáfora del viaje espiritual, en el que la soledad no es aislamiento, sino condición para la trascendencia y como él mismo dice: “El artista debe pintar no sólo lo que ve delante de él sino también lo que ve dentro de él”.

Lecturas recomendadas

Masonería mixta

La mixticidad como principio

Una diferencia visible entre la masonería liberal y gran parte de la tradición regular es cómo se organiza el acceso de las mujeres. En muchos cuerpos regulares la práctica sigue siendo masculina y se apela a la continuidad de las antiguas normas. En cambio, la masonería mixta liberal y adogmática entiende que la igualdad entre mujeres y hombres no es un añadido, sino una condición de coherencia con la fraternidad. Ahora bien, conviene matizar que en el mundo anglosajón existen también obediencias femeninas separadas con las que la Gran Logia Unida de Inglaterra mantiene relaciones cordiales, aunque sin intervisita ritual.

Antecedentes y excepciones tempranas

Aunque la masonería moderna se organiza en el siglo XVIII, su forma dominante se concibió durante mucho tiempo como una fraternidad de varones. Por eso, los casos de mujeres vinculadas a la masonería aparecen a menudo como excepciones y, en ocasiones, como relatos transmitidos por la tradición.

Un ejemplo conocido es Elizabeth Aldworth, llamada la Lady Freemason. La tradición irlandesa sitúa su iniciación a comienzos del siglo XVIII, ligada a una logia que trabajaba en Doneraile, aunque los detalles exactos varían según las fuentes y se presentan, en parte, como memoria histórica.

Las logias de adopción en Francia

En Francia, otra vía fue la llamada masonería de adopción. Se trataba de talleres vinculados a logias masculinas, bajo su tutela, que permitían la participación femenina con rituales propios. En 1774 el Gran Oriente de Francia reguló y reconoció este sistema, lo que favoreció su expansión, pero manteniendo una relación de dependencia respecto a los talleres de varones.

El hito de 1893: Le Droit Humain

El salto decisivo hacia la masonería mixta llega en 1893 con la fundación en París de Le Droit Humain, impulsada por Maria Deraismes y Georges Martin. A partir de ese momento, la mixticidad deja de ser una solución indirecta y pasa a ser un modelo pleno: mujeres y hombres inician y trabajan en igualdad, dentro de una estructura estable y con vocación internacional. Por eso, más que una anécdota histórica, 1893 marca un cambio de paradigma en la masonería mixta contemporánea.

    Detalle de la portada del libro "Para una antropología masónica liberal" de José Luis Caramés Lage, centrado en el ritual, el símbolo y las ideas masónicas.

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    Día de la Constitución Española. Acto Público y Ofrenda Floral

    Día de la Constitución Española. Acto Público y Ofrenda Floral

    Día de la Constitución Española

    «Acto público y ofrenda floral de la G.·.L.·.S.·.E.·.»

     

    Aportado por Manuel Según Alonso

    Una primera convocatoria con valor simbólico

    La Constitución Española de 1978, al garantizar la libertad de asociación y la libertad ideológica, hizo posible que tradiciones filosóficas y asociativas como la masonería pudieran desarrollarse nuevamente en libertad.

     Es por ello por lo que la Gran Logia Simbólica Española (GLSE) reconoce en la Constitución Española los principios fundamentales del pensamiento ilustrado y progresista: la dignidad humana, la libertad en todas sus dimensiones, la igualdad ante la ley, la justicia social, el pluralismo, la tolerancia y la educación como instrumento de perfeccionamiento.

    Esta ley de leyes encarna valores que la tradición masónica ha defendido históricamente y que forman parte del patrimonio común del humanismo europeo. Y es, en este sentido, heredera de las luchas por la libertad y la dignidad humana en las que los hermanos que nos precedieron participaron activamente durante los siglos XIX y XX”.

    Invitados por el Gran Maestro Brenno Ambrosini, algo menos de cuarenta miembros de la Gran Logia Simbólica Española (GLSE) se reunieron el domingo 7 de diciembre de 2025, a las 12 horas, en un Acto público y Ofrenda floral frente al monumento a la Constitución Española de 1978 que está situado en Madrid, Calle de José Gutiérrez Abascal, 4, para rendir homenaje a la Carta Magna.

    Grupo de miembros de la GLSE en un acto público y ofrenda floral ante el Monumento a la Constitución Española de 1978 en Madrid.

    El número puede parecer pequeño, pero hay que tener en cuenta que es la primera vez que se celebra, que no hubo tiempo de dar una amplia y pronta comunicación de este por no haber recibido la autorización gubernamental hasta poco antes de la celebración y ser Puente. Estamos seguros, que el próximo año el número será mucho mayor y lo más importante, fue la primera vez, que un grupo de miembros de la Orden celebran fecha tan señalada. 

    En este acto, intervinieron, por este orden, el Q.·.H.·. Francisco del B (maestro masón de una logia de la GLSE), la Q.·.Hna.·. Lola (miembro de la Gran Cámara de Justicia Masónica de la GLSE), José S (Gran Orador de la GLSE) y Q.·.H.·. Brenno Ambrosini (Gran Maestro de la GLSE). El calor de las intervenciones y la fraternidad y emoción que presidió el acto hizo que se mitigara el frío que acompañaba esta mañana madrileña.

    Se logró que el divorcio, el derecho a decidir sobre su maternidad de las mujeres, el matrimonio igualitario… fueran un hecho

    Intervención del Hermano Paco memoria de la conquista democrática y defensa activa de los derechos

    El Hermano Paco nos recuerda que nadie regaló al pueblo español la libertad y la Constitución que disfrutamos. Costó mucho conseguirla. Hace un cálido y emotivo recuerdo a los padres de la Constitución. A las personas que participaron en su redacción les debemos un agradecimiento perpetuo, pues representan a toda esa ciudadanía silenciosa que luchó durante años para devolvernos los derechos arrebatados y vino, como acertadamente afirmó Tierno Galván a “proteger a todos los españoles, sus pueblos y sus lenguas” y el derecho a la Libertad de pensamiento y de clero, a la educación, a la vivienda, al deporte, a la seguridad social. En definitiva, “los españoles consiguieron su mayoría de edad”.

     

    De forma emotiva nos recordó que “el repiqueteo de los martillos sobre los yunques” de los que habló el Q.·.H.·. Antonio Machado volvían “a sonar en los talleres masónicos para forzar nuevos eslabones en la cadena” y que desde 1980, “las canteras de la Gran Logia Simbólica Española empezaron a cincelar las piedras para la construcción del templo de la Humanidad”.

    Continúo defendiendo el trabajo de los ayuntamientos para hacer que el derecho de la vivienda se convirtiera en viviendas sociales, el derecho a la sanidad en centros de salud, el derecho a la educación en escuelas, el derecho a la cultura en bibliotecas, el derecho al deporte en polideportivos. 

    Nada fue fácil, pero todo cambió. Así, se logró que el divorcio, el derecho a decidir sobre su maternidad de las mujeres, el matrimonio igualitario… fueran un hecho y que “los principios se convirtieran en derechos, que los derechos en mejoras sociales y de vida de la ciudadanía”.

    Queda mucho por hacer, especialmente no se han resuelto muchos problemas que afectan a la juventud y muchos de los derechos se ven en peligro. Por ello, el Q.·.H.·. Paco nos invita a estar alertas, para que el fanatismo, la ignorancia y la ambición no atenúen los principios y los derechos constitucionales: “contra el fanatismo, libertad para todos los seres humanos; contra la ignorancia, libertad de catedra y enseñanza universal; contra la ambición, justicia social. Volvamos a nuestros talleres para forjar del más puro metal los más sólidos eslabones y a pulir las piedras con las que se construirá una ciudadanía libre y buena que podrán ayudar a construir el templo de la justicia y los derechos humanos en una sociedad libre y fraterna”.

    Acaba con nuestra divisa: ¡Libertad, Igualdad, Fraternidad! y con un ¡Viva al Trabajo y la Constitución!

    Intervención de la Hermana Lola restitución de derechos, memoria de 1931 y lucha por la igualdad de la mujer

    La Hermana Lola nos hace saber que la Constitución Española de 1978 supone la restitución de los derechos que se habían perdido tras la derogación de la Constitución Española de 1931. Esta pérdida de derechos afectó a toda la ciudadanía española, pero especialmente a las mujeres que fueron obligadas a volver a la esfera privada, de las que a duras penas habían logrado salir en 1931 después de una lucha incansable en la que estuvieron envueltas al menos desde 1869. También nos recuerda que la Constitución de 1931 dio a las mujeres, por primera vez, el derecho al voto.

    La masonería, por sus principios, atrajo a mujeres que sentían inquietudes intelectuales y que tenía la necesidad de que se reconocieran sus derechos. En las logias encontraron un espacio de libertad. En ellas, estaba Concepción Arenal, Rosario Acuña, Emilia Pardo Bazán, Carmen de Burgos, Clara Campoamor y muchas otras que están en las cabezas de todas y todos.

    Con el franquismo quedaron arrasados todos los derechos de la Mujer. Su papel retrocedió más de cien años. Volvía a ser considerada un ser inferior, supervisada por el hombre del que dependía; y como no, de la iglesia católica. 

    La Orden también fue reprimida de forma severa, llegando a establecerse la ley de Represión de la Masonería y el Comunismo que la declaró ilegal. Pero la masonería española continúo su trabajo en el exilio y abrió logias en Europa y América.

    Con la Constitución de 1978, se recuperaron los derechos. La mujer volvió a ser considerada igual al hombre. La masonería fue legalizada en 1979; y tras ello, la Gran Logia Simbólica Española levantó columnas en 1980. 

    La GLSE, defiende la Q.·.Hna.·. mantiene un espíritu profundamente democrático, tiene su propia Constitución, sus órganos se eligen en las Grandes Asambleas y tiene una Gran Cámara de Justicia. Así, la Masonería, la GLSE y sus logias son templos de Libertad y de Fraternidad para construir una sociedad mejor y más justa.

    Con la Constitución de 1978, se recuperaron los derechos. La mujer volvió a ser considerada igual al hombre

    Herramientas masónicas sobre una mesa de trabajo con un cuadro de Madrid al fondo, símbolo del trabajo ritual en una logia masónica en Madrid

    La Constitución de 1978 ha dado un espacio de paz y de libertad como nunca

    Intervención del Hermano José S. “Las Españas” y el pacto constitucional

    El Hermano José S. quiso hablar de España y su Constitución, matizando a reglón seguido, que realmente viene a hablar de “las Españas y sus Constituciones”. Recalcando su carácter complejo y su gran pasado en busca de una norma de convivencia que ampare a toda la ciudadanía. En esta búsqueda han participado desde el Gran Argüelles hasta Clara Campoamor; desde el Empecinado a Prim y Sagasta; …. Miembros de la Orden que han intentado mejorar nuestra nación, desde postulados diferentes, aunque tenían algo en común, su amor por la libertad y la generosidad. 

    La Constitución de 1978 ha dado un espacio de paz y de libertad como nunca. Ha nacido para unir, pues se puso “por delante el bien de la nación y no el individual”. Afirma que la Constitución de 1812, hecha en plena guerra contra los franceses, establece, por primera vez, derechos fundamentales. Además, algunos de sus inspiradores acudían a logias masónicas. 

    Con el paso del tiempo, el constitucionalismo español vivió épocas de avances y retrocesos. Así, en el Sexenio Revolucionario los círculos liberales y dentro de ellos, la Masonería, desarrollaron principios de cambio en un momento donde España se debatía entre tradición y modernidad. No lograron sus objetivos, pero dejaron su impronta que sería recogido por generaciones posteriores. Por su parte, la Constitución de 1876, nacida tras la Restauración, buscó estabilidad tras años de pronunciamientos, guerras civiles y cambios de regímenes; no fue un texto rupturista, pero consiguió algunas libertades y sirvió de marco para un sistema parlamentario que con limitaciones consiguió modernizar la sociedad española.

    El siglo XX, defiende, trajo un ambiente reformista. La Constitución de 1931 se erigió como uno de los textos mas avanzados de su tiempo. Recogía derechos sociales, garantizaba derechos fundamentales, ampliaba la participación política de las mujeres y se abría a una sociedad más justa, más laica e igualitaria. Muchos miembros de grupos políticos y juristas vinculados a la Masonería participaron activamente en la vida pública guiados por sus ideas de progreso, racionalismo y justicia social. Lo hicieron con la convicción de que España merecía un futuro luminoso. 

    Tras ella, la Dictadura trae consigo décadas de falta de libertad, de silencio y de represión. Muchos demócratas, incluidos los miembros de la Orden, fueron perseguidos, encarcelados o forzados al exilio. Durante cerca de cuarenta años el constitucionalismo quedó suspendido.

    Con el fin de la Dictadura, la ciudadanía se reencontró con su tradición liberal, democrática e ilustrada. La transición fue un proceso de reconciliación. Hubo una cesión de los diferentes grupos por el bien de la colectividad. En este contexto vio la luz la Constitución de 1978 fruto de un espíritu humanista, plural y abierto. Supo recoger lo mejor de la tradición constitucional española, logrando construir un puente entre pasado y futuro; y rescató muchos de los principios que la masonería había defendido a lo largo de su historia.

     No se debe olvidar que una constitución es un pacto moral, un compromiso colectivo: un modo de vivir juntos. Gracias a la Constitución vivimos la etapa de mayor estabilidad de nuestra historia. Ha reconocido derechos, autonomías, el ingreso en Europa y ha consolidado instituciones. Es “una herramienta viva, no es un monumento inmóvil y una arquitectura flexible que puede y debe adaptarse con consensos amplios a la necesidad de cada época, pero respetando los valores de libertad, igualdad, justicia y pluralismo”. Pero además de homenajear a la Constitución lo debemos a hacer a las personas que nos están permitiendo vivir en un país libre. Entre ellos, muchos miembros de la Orden. Su recuerdo “nos debe recordar que la libertad nunca está garantizada y debe renovarse en cada generación; que las conquistas democráticas no son patrimonio de un solo grupo sino de todos aquellos que desde la honestidad luchan por ampliar derechos, por tender puentes”.

    Afirma que hoy homenajeamos a la Constitución Española de 1978 porque es “la expresión más madura de un viaje histórico que comenzó hace dos siglos. Un viaje marcado por luces y sombras, por triunfos y derrotas. Nuestro futuro depende de nuestra capacidad de preservar el espíritu de diálogo, de tolerancia y fraternidad que hizo posible la Constitución y saber interponer el bien común a la de los intereses particulares”. En definitiva, nos llama a creer en la capacidad transformadora de la libertad

    Termina con ¡Viva a la Constitución!, ¡Viva la Nación!, ¡Viva la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad!

    Portada completa del libro El Vaticano y los masones de Léo Taxil, edición revisada y actualizada

    Intervención del Gran Maestro de la GLSE Brenno Ambrosini: “Constitución de 1978 y Francmasonería”

    El Gran Maestro de la GLSE Brenno Ambrosini, titula su intervención: “Constitución de 1978 y Francmasonería”.

    La inicia, afirmando que la Masonería sufre una brutal persecución en la Dictadura, siendo considerado un delito la pertenencia a las logias. Recuerda la ley de Represión de la Masonería de 1 de marzo de 1940 y como el restablecimiento de las libertades ha permitido la vuelta de la Masonería española, aunque sin lograr la presencia social de épocas anteriores.

    La Constitución de 1978, al garantizar la libertad de asociación e ideológica, hizo posible que tradiciones filosóficas como la Masonería pudieran desarrollarse en libertad. Es por ello, que la GLSE reconoce en la Constitución la representación de los valores ilustrados en todas sus dimensiones, incluidos los de la Masonería y los del humanismo europeo, siendo heredera de las luchas por la dignidad humana de los miembros de la Orden que nos precedieron en los siglos XIX y XX.

    La Masonería, heredera de la Ilustración, ha defendido el Contrato social, la división de poderes y los derechos fundamentales del Ser Humano. La Constitución Española de 1978 incorpora estos elementos. Ojalá, dice el Gran Maestro, “se puedan desarrollar plenamente”. Estos derechos se alinean con los principios masónicos, reflejando la concepción humanista que la Orden ha defendido a lo largo de su historia.

    Para la Masonería, cada ser humano posee un valor intrínseco que merece ser respetado sin tener en cuenta su origen, raza, creencia, o cualquier otro elemento diferenciador; quedando materializado en la Constitución cuando señala que “todos los ciudadanos son iguales ante la ley”. Establece la división de poderes, el imperio de la razón, la justicia sobre el capricho o la arbitrariedad y la existencia de un Tribunal Constitucional como garante de la supremacía de la ley. Todo ello, coincide con los postulados de la Orden desde su inicio.

    Además de los principios fundamentales, recoge derechos sociales y económicos. Este carácter social concuerda con el ideal masónico de fraternidad universal. De hecho, la Masonería no ha entendido “la fraternidad como un mero sentimiento abstracto sino como un compromiso activo con la mejora de vida de todos los seres humanos; representando la preocupación por el bienestar colectivo y la justicia distributiva”.

    El principio de igualdad entre los seres humanos queda recogido y es acorde con los ideales masónicos. Lo mismo que su desarrollo en leyes civiles posteriores. Así, se han establecido derechos como el matrimonio igualitario o los reproductivos, logrando que el espíritu ilustrado y humanista se mantenga en el Pacto Constitucional. A esto, hay que añadir, el pluralismo que ha sido defendido por la Masonería “en su defensa del pensamiento divergente y el debate racional como método para alcanzar síntesis superiores”. Además, recoge los derechos de las minorías y la defensa de que “ninguna verdad se impone por la fuerza” sino que debe hacerlo contrastando las ideas y el diálogo público. A todo lo anterior hay que unir el carácter aconfesional del Estado que representa una victoria histórica para aquellas y aquellos que defendieron desde un posicionamiento laico la separación de Iglesia y Estado. Precisamente, uno de los motivos de la persecución de la Masonería por la Dictadura fue su defensa del laicismo y la libertad de conciencia.

    Los miembros de la Orden hemos considerado históricamente “la educación como el instrumento fundamental para el perfeccionamiento del individuo y el progreso de la sociedad”. El derecho a la educación queda recogido en nuestra Constitución. Su carácter gratuito, obligatorio y la libertad de enseñanza refleja “su carácter ilustrado como motor de la sociedad”.

    La Constitución Española de 1978 “fue posible gracias a un pacto de fuerzas políticas diversas que apostaron por la reconciliación y la concordia para construir un futuro común. Este espíritu refleja valores masónicos fundamentales”. 

    Como conclusión, el Gran Maestro declara que “el compromiso masónico con el perfeccionamiento continuo del individuo y la sociedad encuentra en la Constitución Española de 1978 un instrumento versátil y dinámico que permite su desarrollo y su adaptación a los desafíos de los nuevos tiempos. El texto original invita a la construcción permanente de una sociedad más justa, libre y fraterna. Un proyecto inacabado que requiere el compromiso activo no solo de los masones sino de todos los ciudadanos comprometidos con el progreso humano”.

    La Constitución Española de 1978 fue posible gracias a un pacto de fuerzas políticas diversas que apostaron por la reconciliación y la concordia para construir un futuro común

    Recreación Estandarte de la logia Hermes en un templo masónico de Madrid, símbolo de la historia masónica de Madrid

    Del frío de la mañana al calor masónico

    Al finalizar el acto, todos los hermanos y hermanas presentes, nos congratulamos por las bellas, sinceras y esperanzadoras palabras de la hermana y hermanos que han intervenido. El frio de la mañana se convirtió en calor masónico y llevó a que nuestros corazones gritaran ¡Viva la Constitución! ¡Viva la Masonería!

    Lecturas recomendadas

    Masonería mixta

    La mixticidad como principio

    Una diferencia visible entre la masonería liberal y gran parte de la tradición regular es cómo se organiza el acceso de las mujeres. En muchos cuerpos regulares la práctica sigue siendo masculina y se apela a la continuidad de las antiguas normas. En cambio, la masonería mixta liberal y adogmática entiende que la igualdad entre mujeres y hombres no es un añadido, sino una condición de coherencia con la fraternidad. Ahora bien, conviene matizar que en el mundo anglosajón existen también obediencias femeninas separadas con las que la Gran Logia Unida de Inglaterra mantiene relaciones cordiales, aunque sin intervisita ritual.

    Antecedentes y excepciones tempranas

    Aunque la masonería moderna se organiza en el siglo XVIII, su forma dominante se concibió durante mucho tiempo como una fraternidad de varones. Por eso, los casos de mujeres vinculadas a la masonería aparecen a menudo como excepciones y, en ocasiones, como relatos transmitidos por la tradición.

    Un ejemplo conocido es Elizabeth Aldworth, llamada la Lady Freemason. La tradición irlandesa sitúa su iniciación a comienzos del siglo XVIII, ligada a una logia que trabajaba en Doneraile, aunque los detalles exactos varían según las fuentes y se presentan, en parte, como memoria histórica.

    Las logias de adopción en Francia

    En Francia, otra vía fue la llamada masonería de adopción. Se trataba de talleres vinculados a logias masculinas, bajo su tutela, que permitían la participación femenina con rituales propios. En 1774 el Gran Oriente de Francia reguló y reconoció este sistema, lo que favoreció su expansión, pero manteniendo una relación de dependencia respecto a los talleres de varones.

    El hito de 1893: Le Droit Humain

    El salto decisivo hacia la masonería mixta llega en 1893 con la fundación en París de Le Droit Humain, impulsada por Maria Deraismes y Georges Martin. A partir de ese momento, la mixticidad deja de ser una solución indirecta y pasa a ser un modelo pleno: mujeres y hombres inician y trabajan en igualdad, dentro de una estructura estable y con vocación internacional. Por eso, más que una anécdota histórica, 1893 marca un cambio de paradigma en la masonería mixta contemporánea.

      Detalle de la portada del libro "Para una antropología masónica liberal" de José Luis Caramés Lage, centrado en el ritual, el símbolo y las ideas masónicas.

      Para una antropología masónica liberal, de José Luis Caramés Lage

      Para una antropología masónica liberal, de José Luis Caramés Lage Libros sobre masonería La masonería como espacio simbólico, ético y cultural de lo humano Para una antropología masónica liberal es una obra singular que busca comprender la masonería no desde la...
      Detalle tipográfico del título del libro "La primera condena pontificia de la masonería" de José Antonio Ferrer Benimeli.

      La primera condena pontificia de la masonería, de José A. Ferrer Benimeli

      La primera condena pontificia de la masonería, de José A. Ferrer Benimeli Libros sobre masonería Una investigación rigurosa sobre el origen del rechazo eclesiástico a la masonería La primera condena pontificia de la masonería es una obra fundamental para comprender el...

      Las Constituciones de los Francmasones

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      Vista horizontal del título del libro El Vaticano y los masones de Léo Taxil con diseño en relieve

      El Vaticano y los masones, de Léo Taxil

      El Vaticano y los masones, de Léo Taxil Libros sobre masonería Una sátira histórica convertida en mito antimasónico Publicado por Masonica.es, El Vaticano y los masones es un libro inclasificable y polémico que nos enfrenta a uno de los episodios más singulares de la...
      Título del libro Los ritos masónicos con subtítulo: análisis genealógico de los principales ritos masónicos en el mundo.

      Los ritos masónicos, de Manuel Rodríguez Castillejos

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      Título del libro Masonas. Historia de la masonería femenina de Yolanda Alba

      Masonas. Historia de la masonería femenina, de Yolanda Alba

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      Detalle de la portada del libro “Eso no estaba en mi libro de historia de la masonería” de Eduardo Montagut, con Benjamin Franklin y título destacado.

      Eso no estaba en mi libro de historia de la masonería, de Eduardo Montagut

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      Título del libro Masonería. Historia de una represión, obra sobre masonería y política en España

      Masonería. Historia de una represión. Una revisión de la legislación franquista

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      Cartel de la presentación del libro "Masonería y política en España (1900–1939): Entre ser y no ser", sobre la masonería española en el primer tercio del siglo XX. Acto celebrado en el Ateneo de Madrid el 23 de abril de 2025.

      Presentación en el Ateneo de Madrid. «Masonería y política en España (1900–1939)»

      Presentación del libro Masonería y política en España (1900–1939): Entre ser y no ser Presentación en el Ateneo de Madrid El Ateneo de Madrid acoge la presentación de un nuevo título imprescindible para comprender la historia contemporánea de la masonería española:...
      Portada del libro “De oficio masón” de Ascensión Tejerina, una obra clave para entender cómo ser masón mujer en la masonería actual.

      De oficio masón. Revelaciones de una gran maestre

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      Por qué soy masón

      Por qué soy masón

      Por qué soy masón

      «Una reflexión personal quince años después»

       

      Silueta de un masón de espaldas observando una puerta abierta iluminada por una luz dorada. Escena simbólica vinculada a la experiencia iniciática y al compromiso masónico.

      Aportado por

      Una reflexión personal quince años después

      ¿Tiene sentido hoy en día ser masón? ¿Qué lleva a una persona a permanecer durante años en una orden iniciática y discreta, mientras el mundo parece girar en otra dirección? Estas preguntas no son teóricas para mí. Hace ya casi quince años que comencé este camino y, mirando atrás, siento la necesidad de compartir por qué sigo aquí y qué ha supuesto para mí esta experiencia.

      Han pasado casi quince años desde que, en el pequeño templo de la calle del Pez, fui iniciado como masón junto con mi querida hermana Pilar. Era mayo de 2005, y aquel momento marcó una línea en mi biografía. Atrás quedaban los sueños alimentados por lecturas de Kipling, por mis (al menos) treinta visionados de «El hombre que pudo reinar» de John Huston, por la memoria liberal y tolerante de mi abuelo y bisabuelo maternos, y por un deseo profundo de mejorar como ser humano. Todo eso me trajo hasta aquí. Pero lo que me mantiene no es el sueño: es la vivencia.

      Quince años de cambios y permanencias

      En este tiempo he cambiado de pareja, me he unido a la mujer de mi vida, me he casado por segunda vez. Mi hija, que estuvo lejos durante años, volvió a compartir su vida conmigo. He cursado un máster, dejado la abogacía y abrazado la gestión de personas y recursos. Me he sacado el carné de conducir (algo que nunca creí que haría), he seguido haciendo teatro y apoyando al Atleti. He ganado peso, he perdido pelo y me he dejado barba. He vivido momentos de plenitud y también de dificultad. Me he equivocado muchas veces y he acertado algunas otras.

      Pero si hay algo que se ha mantenido constante durante todos estos años es mi condición de masón. No porque crea en esa fórmula tan repetida de que «una vez iniciado, siempre masón». De hecho, no la comparto. He conocido a quienes fueron iniciados pero nunca llegaron a ser verdaderamente hermanos, a pesar de los mandiles y medallas. Yo sigo siendo masón porque cada una de mis decisiones, dentro y fuera del templo, han estado guiadas por los principios que la masonería me ha enseñado.

      ”Lo valioso del Rito Francés masónico no es solo su forma, sino la experiencia que propone: un camino abierto, racional y profundamente humano.”

      Masonería vivida, no proclamada

      Intento ser más justo, más humano, más comprensivo. A veces lo consigo; otras no. Pero siempre lo intento. He aprendido a ser respetuoso con quien piensa distinto, a escuchar antes de juzgar, a reconocer que no todo se reduce a mi punto de vista. La masonería me ha hecho más tolerante, más abierto, más consciente.

      He conocido personas que, fuera de la Orden, nunca habría encontrado: distintas en lo social, lo profesional, lo religioso o lo político. Gracias a sus planchas, a sus aportaciones, a sus palabras, he entrado en territorios del pensamiento y la sensibilidad que me eran ajenos. Es verdad lo que se dice: sin la masonería, muchos hermanos jamás se habrían encontrado. ¡Cuántas veces he pensado en las palabras del pastor Anderson!

      Un hogar simbólico y libre

      La vida en Logia ha sido para mí una experiencia profundamente gratificante. Los lunes, al llegar al templo, siento que entro en un espacio distinto, recogido, donde puedo ser yo mismo sin reservas. Escuchar una buena plancha, compartir el silencio ritual, formar parte de la Cadena de Unión: todo eso me emociona. En Hermes, en el Capítulo Sirio, me siento protegido, libre y a gusto. No en todas las logias me sucede lo mismo. Quizá por timidez, quizá por afinidad simbólica, pero aquí me siento en casa.

      Por eso también me duele cuando veo disputas o abandonos. No los entiendo. La masonería es un proyecto común que nos trasciende. Cada uno aporta desde donde puede. Y eso, justamente, es lo que da sentido a nuestra Obediencia.

      Un compromiso que no busca el centro

      Nunca he querido que la masonería ocupara todo mi mundo. No creo que sea bueno encerrarse en la Orden como si fuera un refugio exclusivo. La masonería no está hecha para eso. Si no salimos fuera a vivir lo aprendido, ¿de qué sirve todo esto? Por eso siempre he procurado tener una vida rica, activa, abierta: teatro, lectura, trabajo, familia, amistades. Es sano. Es necesario. La masonería no es un fin, es un medio para ser mejores, allá fuera.

      Y, sin embargo, sin que ocupe todo, la masonería está presente en todo. Porque me ha dado herramientas para conocerme mejor. Para ver mis defectos. Para saber que sigo siendo egocéntrico, algo prepotente, distante, fallón a veces. Lo sé. Lo trabajo. Cada tenida, cada ritual, cada debate, cada mirada de un hermano que me interpela o me abraza, me ayudan a seguir golpeando esa piedra rugosa que soy.

      Una pertenencia silenciosa y agradecida

      No soy un gran simbolista. No escribo planchas complejas ni domino el esoterismo. Y probablemente Hermes me haya dado más a mí que yo a ella. Pero me gusta escuchar, aprender, estar presente. Me siento agradecido. A veces, cuando me comparo con hermanos de gran inteligencia, sensibilidad o brillantez, me siento un poco vulgar. Pero también me siento orgulloso de que me permitan estar aquí. De formar parte. De compartir camino.

      No hay una sola razón por la que soy masón. Hay muchas. Algunas emocionales, otras racionales, otras inexplicables. Pero si tuviera que resumirlo, diría esto: soy masón porque aquí he aprendido a conocerme mejor, a reconocer mis sombras, a compartir la búsqueda con otros, a sentirme parte de algo que me mejora.

      Plano cenital de un hombre con barba escribiendo con pluma en un escritorio antiguo la frase “Por qué soy masón”. La imagen refleja la introspección y el valor del testimonio personal en la masonería.

      Palabras al final del camino (que es solo un tramo más)

      Quince años después sigo leyendo los versos de Kipling. No los repito como mantra, sino como recordatorio. Porque el viaje no ha terminado. Porque todavía hay trabajo por hacer. Porque la piedra sigue rugosa. Pero también porque he descubierto que hay belleza en el proceso, dignidad en el esfuerzo y fraternidad en el acompañamiento.

      Por todo esto, soy masón.

      Y por todo esto, seguiré siéndolo.

      Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud
      o caminar junto a reyes, y no distanciarte de los demás.
      Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
      Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado.
      Si puedes llenar el inexorable minuto,
      con sesenta segundos que valieron la pena recorrer…

      Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella, 

      y lo que es más: serás un hombre, hijo mío.

      Rudyard Kipling

      Anotaciones

      Este artículo es una síntesis de la plancha leida en tenida por el Hermano Pilar durante el curso 2019-2020.

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      ¿Cómo es un día en una logia masónica?

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      «Pensamiento libre, escucha atenta y expresión simbólica»

       

      Aportado por

      El umbral del rito

      No es una cita cualquiera. Tampoco un encuentro social más. Para quien lo vive con conciencia, un día en la logia comienza mucho antes de cruzar la puerta del templo. Inicia en el interior, cuando el masón se prepara, no solo en lo externo —el traje, los guantes, las herramientas simbólicas—, sino en su disposición anímica. Ese día no se va a trabajar ni a debatir, sino a entrar en un espacio distinto del tiempo y del mundo.

      El tránsito es importante. En el trayecto hacia el templo, mientras la ciudad sigue su curso indiferente, el masón afina su atención: repasa mentalmente el motivo del trabajo, se pregunta por el sentido profundo de su presencia, recuerda que no acude por rutina sino por vocación.

      Al llegar, el ambiente cambia. Se encuentra con los hermanos, se saluda con respeto y calidez. Se deja fuera lo profano, se acallan las prisas, se silencia el ruido. Se entra en logia con humildad, con intención. El umbral es real, aunque no se vea: se pasa de un mundo a otro.

      Hermano masón ajustándose los guantes blancos con mandil del Rito Francés

      ”Se encienden las luces, se invoca la búsqueda de la verdad”

      Mandil y guantes masónicos sobre una mesa, con hermanos difuminados al fondo durante el ágape

      La apertura: silencio, signos y sentido

      Una vez en el templo, el espacio mismo impone su lenguaje. El silencio es protagonista. Todo tiene orden, todo tiene un porqué. Las palabras se eligen con cuidado, los gestos se hacen con intención. La apertura de los trabajos es una coreografía antigua, profundamente simbólica. No se trata de representar, sino de actualizar un sentido.

      Quien participa en la apertura no está repitiendo un protocolo vacío. Está activando una forma de conciencia distinta, donde cada objeto, cada palabra y cada pausa tienen resonancia. Se encienden las luces, se invoca la búsqueda de la verdad, se declara que la logia se encuentra en paz. Y entonces sí, el trabajo puede comenzar.

      El trabajo en logia: palabras que tallan

      A diferencia de otras reuniones, en una logia no se discute, se trabaja. Las palabras no se lanzan al azar, se tallan como si fueran piedra. Uno de los hermanos presenta una plancha —un texto simbólico o reflexivo— y los demás responden construyendo sobre el aporte de la plancha leída. No hay réplicas ni interrupciones. Cada intervención es un acto individual, un espejo colectivo.

      Lo que se busca no es convencer, sino comprender. Se respeta el ritmo. La vida masónica cotidiana se basa en el ejercicio del pensamiento libre, la escucha atenta y la expresión simbólica. Las ideas no se imponen; se presentan, se pulen, se dejan decantar.

      El método iniciático no es un lujo del pasado, sino una pedagogía de futuro. Cada sesión es una pequeña obra de construcción interior. El masón vuelve a enfrentarse consigo mismo, a través del otro.

      El ágape ritual: compartir más allá de lo visible

      Tras el cierre del trabajo, no se disuelve el sentido. Muchos talleres celebran un ágape: una comida sencilla, fraternal, cargada también de símbolos. No es una cena cualquiera. Es una extensión del trabajo, pero en un plano más humano y horizontal.

      Durante el ágape se conversa libremente, se ríe, se recuerda a quienes no han podido asistir, se fortalecen los lazos que luego sostendrán los silencios del templo. La fraternidad no se decreta, se cultiva. Y en estos momentos, se vive sin palabras mayores.

      Incluso cuando no hay ágape, los hermanos pueden encontrarse al salir, tomar algo juntos, o simplemente compartir unos minutos en la calle. La jornada simbólica no termina con el cierre de los trabajos, sino cuando uno vuelve, lentamente, al mundo exterior.

      ”La vida masónica cotidiana no transcurre solo en el templo: se extiende a cada gesto, a cada elección, a cada silencio.”

      El retorno al mundo profano: lo que se queda, lo que se transforma

      Salir del templo no significa salir de la masonería. Si la experiencia ha sido vivida con atención, algo queda. Una palabra escuchada, una imagen evocada, una pregunta que no se resuelve. El masón vuelve a su día a día con una mirada distinta.

      La vida masónica cotidiana no transcurre solo en el templo: se extiende a cada gesto, a cada elección, a cada silencio. La logia es el taller donde se afilan las herramientas, pero el mundo es donde se usan.

      Quien ha pasado por una jornada en logia no sale igual. Puede que el entorno no lo note, pero dentro, algo se ha movido. Como una piedra tallada poco a poco, como una vela que permanece encendida cuando ya no se ve.

      El día simbólico como ejercicio de transformación

      Entonces, ¿cómo es un día en una logia masónica? Es un día distinto. No porque sea extraordinario en apariencia, sino porque transforma lo ordinario desde dentro. Es un día donde se suspende el ruido para escuchar lo esencial. Donde se estudia, se reflexiona, se recuerda que el ser humano no está hecho solo de consumo y velocidad, sino también de símbolos, silencio y sentido.

      Una jornada masónica es una experiencia iniciática, aunque se repita. Cada vez es única. Cada vez, si se vive con atención, nos devuelve a lo que somos en profundidad: buscadores, constructores, aprendices eternos.

      Lecturas recomendadas

      Masonería mixta

      La mixticidad como principio

      Una diferencia visible entre la masonería liberal y gran parte de la tradición regular es cómo se organiza el acceso de las mujeres. En muchos cuerpos regulares la práctica sigue siendo masculina y se apela a la continuidad de las antiguas normas. En cambio, la masonería mixta liberal y adogmática entiende que la igualdad entre mujeres y hombres no es un añadido, sino una condición de coherencia con la fraternidad. Ahora bien, conviene matizar que en el mundo anglosajón existen también obediencias femeninas separadas con las que la Gran Logia Unida de Inglaterra mantiene relaciones cordiales, aunque sin intervisita ritual.

      Antecedentes y excepciones tempranas

      Aunque la masonería moderna se organiza en el siglo XVIII, su forma dominante se concibió durante mucho tiempo como una fraternidad de varones. Por eso, los casos de mujeres vinculadas a la masonería aparecen a menudo como excepciones y, en ocasiones, como relatos transmitidos por la tradición.

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      En Francia, otra vía fue la llamada masonería de adopción. Se trataba de talleres vinculados a logias masculinas, bajo su tutela, que permitían la participación femenina con rituales propios. En 1774 el Gran Oriente de Francia reguló y reconoció este sistema, lo que favoreció su expansión, pero manteniendo una relación de dependencia respecto a los talleres de varones.

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        Para una antropología masónica liberal, de José Luis Caramés Lage

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        Entre columnas: la voz de la masonería que se convirtió en comunidad

        Entre columnas: la voz de la masonería que se convirtió en comunidad

        «Resumen de temporada»

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        Un pódcast masónico que florece desde la palabra

        Hay cosas que comienzan sin que sepamos del todo qué llegarán a ser. Se intuyen necesarias, pero no se conocen aún ni sus límites ni su alcance. Así nació Entre columnas, el pódcast masónico auspiciado por la Gran Logia Simbólica Española: como un espacio de diálogo, reflexión y palabra compartida. Un proyecto modesto en su forma —dos voces, una música de fondo, algunos testimonios— pero ambicioso en su fondo: acercar la masonería al mundo, sin estridencias ni secretos, con serenidad, respeto y belleza.

        Yo soy un consumidor medio de radio y pódcast y en múltiples ocasiones he tratado de dar con un pódcast sobre masonería en español que me acompañara en algún viaje o me ayudara a relajarme en casa en alguna noche de insomnio. En raras ocasiones me topé con algún programa escuchable, y nunca, hasta ahora, con un pódcast tan dinámico y honesto en los contenidos como Entre columnas.

        La masonería en general y la GLSE en particular deben agradecer a Silvia y Antonio el gran trabajo de divulgación que han realizado. En mi caso, no recuerdo bien cómo llegué al pódcast y, aunque no fui uno de sus primeros oyentes, sí que me enganchó muy rápidamente. Con el paso de los episodios, lo que era una propuesta se volvió hábito. Y el hábito, comunidad.

        Escalinata simbólica iluminada por el símbolo del pódcast, con escuadra y compás masónicos sobre un libro. Imagen evocadora del conocimiento en la masonería.

        Una temporada que traza un mapa simbólico

        Diecisiete capítulos después, este primer ciclo de Entre columnas ha construido una cartografía rica, diversa e inesperada. No ha sido un catálogo de contenidos masónicos —eso habría sido más previsible—, sino una búsqueda libre de formas, tonos y temas para pensar desde la masonería, con ella o a su alrededor.

        Se ha hablado de iniciación, de historia, de símbolos, de mujeres masonas, de diversidad, de libros, de cine, de Matrix… y de cómo elegir una logia. Hemos escuchado testimonios de hermanos y hermanas, respondido dudas de profanos, y explorado juntos el valor de una palabra bien dicha.

        Cada episodio ha sido una piedra simbólica, tallada colectivamente.

        Dos voces, una complicidad constructiva

        Ningún homenaje sería justo sin detenerse en quienes han sostenido el espacio desde el principio: Silvia y Antonio. Ellos no han sido solo presentadores, sino el alma simbólica y arquitectónica del pódcast masónico Entre columnas.

        Silvia, con su sensibilidad precisa, ha sabido tejer los temas con una mirada amplia y una voz que no impone, sino que sugiere. Antonio, con su serenidad reflexiva, ha sabido conducir cada diálogo hacia zonas fértiles, donde la palabra germina y el pensamiento se transforma.

        Juntos han creado un pódcast sobre masonería en español que no solo sostiene el templo simbólico, sino que lo abre a quien escucha.

        Invitados que abren puertas

        Una temporada no se construye solo desde el centro. También desde los márgenes, desde las voces que llegan y enriquecen el espacio compartido. A lo largo de estos 17 episodios, Entre columnas ha contado con hermanos y hermanas que han compartido sus dudas, convicciones y vivencias.

        Desde Mariano y Pilar, cuyas historias personales han dado cuerpo a lo intangible, hasta figuras como el pianista Brenno Ambrosini (actual Serenísimo Gran Maestre de la GLSE), que han aportado lecturas nuevas sobre masonería y cultura. Tampoco olvidamos a quienes participaron desde el silencio o la escucha, como Albert, el profano cuyas preguntas nos ayudaron a afinar nuestras respuestas.

        A todas estas personas: gracias por poner voz, cuerpo y alma a este proyecto compartido.

        Lo masónico como forma de mirar

        Uno de los grandes aciertos de Entre columnas ha sido no encerrarse en sí mismo. Lejos de convertirse en un espacio autorreferencial, ha funcionado como una cámara de resonancia donde los valores masónicos dialogan con el mundo: libertad, igualdad, fraternidad, búsqueda simbólica, compromiso ético, trabajo interior.

        Se empeñan los conductores del programa en decir que es un pódcast para profanos, pero para una persona iniciada es un grandísimo placer escuchar cada capítulo. Ahora mismo me gustaría ser una de esas personas que aún no se ha convertido en oyente de Entre columnas y tiene por delante toda una primera temporada por descubrir.

        Cada episodio ha sido una invitación a pensar de forma masónica sin necesidad de pronunciarlo. A practicar la duda, a compartir la palabra, a construir puentes.

        Como dijo Antonio en uno de los episodios:

        “La masonería no es un dogma, es una herramienta para mirar mejor.”

        Un ciclo que no se cierra, sino que se abre

        El episodio 17, titulado Un encuentro final, no clausura nada. Más bien abre un tiempo de reposo, de reflexión, de escucha. Como al final de una tenida, no hay despedida, sino un silencio simbólico que prepara lo que vendrá.

        Porque lo sembrado empieza ahora a florecer. Porque habrá más.

        Tal vez no sepamos aún cuándo llegará la segunda temporada. Pero sí sabemos esto: Entre columnas ha demostrado que otra forma de hablar de masonería es posible. Una forma que une, que cuestiona, que acoge. Y eso, en estos tiempos, no es poco.

        Descubre todos los capítulos de la primera temporada de Entre columnas aquí

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        Los símbolos masónicos como camino

        «Pedagogía de la polisemia y el silencio»

         

        Aportado por

        Imagen estilizada con símbolos masónicos: columnas, templo, compás y escuadra, sol y luna, piedra bruta y elementos arquitectónicos sobre damero.

        El símbolo como lenguaje sin diccionario

        ¿Y si los símbolos masónicos no fueran solo imágenes del pasado, sino puertas abiertas a otra forma de entender? Desde tiempos remotos, el ser humano ha dibujado en la piedra y en el pensamiento aquello que las palabras no logran contener. Antes que los tratados, antes que los silogismos, fueron los símbolos los que nos enseñaron a mirar con otros ojos. Un círculo no es solo un círculo, una piedra no es solo materia, una puerta no es solo acceso. Cada forma cargada de sentido encierra un secreto, una invitación, un aprendizaje.

        A diferencia del signo, que apunta a un único significado, el símbolo se despliega en capas. Nunca termina de decir, nunca se entrega del todo. Su poder no está en la definición, sino en la transformación. Nos enfrenta a lo ambiguo, a lo intuitivo, a lo misterioso. Y es en ese misterio donde comienza el verdadero conocimiento.

        Más allá de los signos: por qué la masonería trabaja con símbolos

        La masonería, heredera de tradiciones constructivas y sapienciales, hace del símbolo su herramienta principal. Pero no lo hace para ocultar, sino para sugerir. No para cifrar un mensaje, sino para abrir caminos. Un símbolo masónico no tiene la función de ser explicado, sino de ser trabajado. No es una clave secreta, sino una imagen que actúa.

        En el templo, los masones no manejan conceptos doctrinales, sino herramientas simbólicas. Y esas herramientas no tienen un sentido único ni un significado cerrado. Son objetos que invitan a pensar. La escuadra, el compás, el mallete, el nivel… No se explican: se viven. Y su sentido puede cambiar con los años, con el grado, con el momento vital de quien los contempla.

        Esta reserva no es ocultamiento: es pedagogía. Se funda en la certeza de que solo aquello que se descubre por uno mismo puede transformarnos de verdad. El significado de los símbolos masónicos no se impone ni se clausura: se custodia en su ambigüedad, se despliega en la experiencia. Solo así conserva intacto su poder de despertar.

        Polisemia y formación: una pedagogía que no adoctrina

        El aprendizaje simbólico que propone la masonería es profundamente antiautoritario. No hay un maestro que imponga una interpretación, ni un libro que dicte el sentido exacto. Hay un proceso. Un camino. Un trabajo interior.

        En ese camino, el símbolo masónico actúa como espejo. No muestra una verdad universal, sino una verdad posible para quien lo observa. En función de su disposición interior, de su momento, de su escucha. Así, el mismo símbolo puede conmover de formas distintas a dos personas diferentes. Y a la misma persona, en dos momentos distintos.

        La pedagogía masónica se basa en esa confianza. En que la lectura del símbolo no debe resolverse, sino habitarse. Que la formación profunda no consiste en repetir significados, sino en construir sentido. Que el silencio y la duda son tan necesarios como la palabra y la comprensión.

        Representación pictórica de símbolos masónicos clásicos, con columnas B y J, escuadra y compás, ojo que todo lo ve y herramientas del aprendiz, sobre un suelo ajedrezado.

        Algunas herramientas, muchos sentidos: una tradición operativa que se transforma

        En la tradición masónica, muchos de los objetos que hoy se consideran símbolos provienen del mundo de los constructores operativos: escuadra, compás, plomada, nivel, regla, paleta, mazo… En el contexto de una logia, estas herramientas se resignifican. Ya no son instrumentos de la piedra, sino de la persona.

        Cada una de ellas evoca una cualidad, una idea, una tensión. Pero no se trata de fijar una correspondencia: no hay un diccionario oficial. Lo importante no es lo que significa la escuadra, sino lo que despierta en quien la contempla.

        Y eso varía. Varía con la edad, con la experiencia, con el grado masónico, con el trabajo personal. Por eso la masonería habla de símbolos «vivos»: porque no están hechos para ser definidos, sino para ser recorridos una y otra vez, como un texto infinito.

        Aprender a leer símbolos masónicos sin cerrar el libro

        En masonería, el símbolo no se explica: se presenta. Se ofrece como quien entrega una semilla. Y es tarea del iniciado hacerla germinar. El símbolo se contempla, se interioriza, se confronta. Y, con el tiempo, se transforma en parte del lenguaje interior del masón.

        Esa pedagogía no busca imponer una lectura, sino abrir muchas posibles. Enseña a leer sin cerrar el libro. Enseña que las verdades profundas no se declaran, sino que se insinúan. Enseña que comprender no siempre es saber, y que interpretar no siempre es acertar.

        En un mundo saturado de certezas rápidas y significados instantáneos, la masonería propone otro ritmo. El del trabajo lento. El de la interpretación sin prisa. El de la educación por sugerencia y no por imposición.

        Porque trabajamos con símbolos no para saber lo que significan, sino para descubrir lo que provocan. Porque el símbolo no revela una única verdad: enseña a buscarla. Y en esa búsqueda, cada masón encuentra su propio camino.

        Lecturas recomendadas

         

         

        Escena de logia con pavimento ajedrezado y figuras encapuchadas alrededor de un hombre caído.

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