Elias Ashmole y el nacimiento del primer museo universitario
Elias Ashmole
y el nacimiento del primer museo universitario
La historia de los museos tal como los conocemos hoy no puede contarse sin mencionar el Ashmolean Museum of Art and Archaeology, institución que muchos consideran el primer museo universitario del mundo y uno de los primeros en abrir sus puertas al público de forma permanente. Su existencia se debe a la pasión, el intelecto y el insaciable espíritu coleccionista de Elias Ashmole, un personaje fascinante del siglo XVII, cuyo legado trasciende el ámbito de la museología.
Ashmole no nació en una cuna privilegiada. Vio la luz el 23 de mayo de 1617 en Lichfield, Staffordshire, en el seno de una familia modesta: su padre, Simon Ashmole, se dedicaba a la fabricación de guantes. A pesar de su origen humilde, demostró un talento excepcional para el estudio y la erudición. Su educación comenzó en la Free School de Lichfield, y más tarde continuó en el Brasenose College de Oxford, donde se graduó en leyes en 1638.
No obstante, su curiosidad iba mucho más allá del derecho. Ashmole se adentró en disciplinas que hoy consideraríamos heterodoxas, pero que en su tiempo despertaban gran interés entre intelectuales y científicos: la alquimia, la astrología, la medicina y las ciencias naturales. Su sed de conocimiento lo llevó a entablar relación con los círculos más cultos de la época, lo que cimentó su reputación como estudioso y anticuario.
Elias Ashmole, un hombre de sociedades: la masonería y la Royal Society
Ashmole no solo exploró el saber en los libros, sino también en las sociedades y hermandades que moldeaban el pensamiento de su tiempo. Uno de los episodios esenciales de su biografía ocurrió en 1646, cuando fue iniciado en la masonería especulativa en una logia en Warrington, Cheshire. Su propio diario da testimonio de este evento, convirtiéndolo en una de las referencias más tempranas y documentadas de la masonería en Inglaterra.
Su influencia intelectual siguió expandiéndose. En 1661, fue nombrado miembro de la Royal Society, la prestigiosa institución dedicada al avance del conocimiento científico, donde compartió espacio con figuras como Robert Hooke, Christopher Wren y Robert Boyle.
El coleccionista incansable: de las curiosidades al museo
Más allá de sus inquietudes esotéricas y científicas, Elias Ashmole era un ávido coleccionista. Su fascinación por los objetos raros y valiosos lo llevó a reunir una impresionante colección de monedas, manuscritos, impresos, grabados, fósiles, especímenes zoológicos y antigüedades. Uno de los elementos más curiosos de su acervo era un dodo disecado, posiblemente el último visto en Europa.
Sin embargo, gran parte de su colección no la formó desde cero, sino que la heredó de los Tradescant, una influyente familia de botánicos y coleccionistas. John Tradescant el Viejo y su hijo, John Tradescant el Joven, habían reunido una asombrosa colección de objetos traídos de sus viajes por Europa, América y África. Ashmole, con su talento para preservar el conocimiento, se encargó de ampliar y organizar este acervo.
En 1677, tomó una decisión que cambiaría la historia de la museología: donó su colección a la Universidad de Oxford, con la condición de que se construyera un edificio para albergarla y exhibirla al público. Así nació el Ashmolean Museum, que abrió sus puertas en 1683, convirtiéndose en el primer museo universitario del mundo y un referente en la conservación y difusión del conocimiento.
Fué iniciado en la masonería especulativa en una logia en Warrington, Cheshire.
Un legado que trasciende el tiempo
El impacto de Elias Ashmole va más allá del Ashmolean Museum. Su labor como erudito, coleccionista y mecenas ayudó a sentar las bases de la ciencia moderna y a preservar un vasto acervo de objetos históricos. En un siglo en el que el conocimiento estaba reservado para unos pocos, su decisión de abrir su colección al público marcó un cambio fundamental en la manera en que las sociedades entendían la educación y la cultura.
Su influencia aún resuena en el mundo académico, en la masonería y en la historia de los museos. Su legado es el de un hombre que creyó en la búsqueda del saber, en la preservación de la historia y en la importancia de compartir el conocimiento con las generaciones futuras.
Lecturas recomendadas
Masonería mixta
La mixticidad como principio
Una diferencia visible entre la masonería liberal y gran parte de la tradición regular es cómo se organiza el acceso de las mujeres. En muchos cuerpos regulares la práctica sigue siendo masculina y se apela a la continuidad de las antiguas normas. En cambio, la masonería mixta liberal y adogmática entiende que la igualdad entre mujeres y hombres no es un añadido, sino una condición de coherencia con la fraternidad. Ahora bien, conviene matizar que en el mundo anglosajón existen también obediencias femeninas separadas con las que la Gran Logia Unida de Inglaterra mantiene relaciones cordiales, aunque sin intervisita ritual.
Antecedentes y excepciones tempranas
Aunque la masonería moderna se organiza en el siglo XVIII, su forma dominante se concibió durante mucho tiempo como una fraternidad de varones. Por eso, los casos de mujeres vinculadas a la masonería aparecen a menudo como excepciones y, en ocasiones, como relatos transmitidos por la tradición.
Un ejemplo conocido es Elizabeth Aldworth, llamada la Lady Freemason. La tradición irlandesa sitúa su iniciación a comienzos del siglo XVIII, ligada a una logia que trabajaba en Doneraile, aunque los detalles exactos varían según las fuentes y se presentan, en parte, como memoria histórica.
Las logias de adopción en Francia
En Francia, otra vía fue la llamada masonería de adopción. Se trataba de talleres vinculados a logias masculinas, bajo su tutela, que permitían la participación femenina con rituales propios. En 1774 el Gran Oriente de Francia reguló y reconoció este sistema, lo que favoreció su expansión, pero manteniendo una relación de dependencia respecto a los talleres de varones.
El hito de 1893: Le Droit Humain
El salto decisivo hacia la masonería mixta llega en 1893 con la fundación en París de Le Droit Humain, impulsada por Maria Deraismes y Georges Martin. A partir de ese momento, la mixticidad deja de ser una solución indirecta y pasa a ser un modelo pleno: mujeres y hombres inician y trabajan en igualdad, dentro de una estructura estable y con vocación internacional. Por eso, más que una anécdota histórica, 1893 marca un cambio de paradigma en la masonería mixta contemporánea.
Comentarios recientes