
LAICIDAD, LAICISMO Y MASONERÍA
«Libertad de conciencia para una sociedad justa.»
Aportado por Makeda
Religión y poder a lo largo de la historia
A lo largo de la historia han predominado las teocracias y los sistemas políticos que imponían una determinada y única religión.
Todos los súbditos de estos reinos, imperios o satrapías debían seguir la religión oficial. No había margen para la libertad de conciencia, ni la libre elección de la religión y creencias particulares, y menos aún para su práctica. Lo habitual en estos casos de “heterodoxia” y “herejía” era la persecución, la prisión, torturas e incluso la muerte para los osados individuos que se atrevían a contradecir el dogma oficial.
En lo que respecta a Europa, y en el momento histórico caracterizado como Renacimiento, van surgiendo otros discursos, otras teorías y propuestas filosóficas, morales y políticas que muestran una cierta apertura, una visión más amplia, como las que nos proponen Marsilio Ficino y Tomás Moro…
El impacto del protestantismo y el liberalismo en la libertad de conciencia
Más adelante, las corrientes protestantes van a proponer una visión menos monolítica, basada en la importancia de la conciencia individual y el libre examen. Las famosas tesis de Lutero provocarían un cisma en la religión cristiana y una convulsión política en toda Europa que abre lo que se denominó Edad Moderna.
Es más tarde, con el liberalismo, cuando adquiere mayor vigencia y actualidad el concepto de libertad de conciencia, muy ligado a la libertad de pensamiento y al resto de libertades y derechos de “primera generación”, también llamados políticos. Todo ello en un clima de resistencia de los poderes religiosos tradicionales, que veían peligrar sus privilegios en el campo del poder político, moral y económico.
Nacimiento del laicismo y los Estados laicos
No es sino en el siglo XIX cuando empieza a utilizarse el concepto de laicismo y la propuesta de los estados laicos como forma de convivencia más justa y equitativa.
La República Francesa es el auténtico paradigma y referente del Estado laico en nuestro entorno. Con la Revolución Francesa y la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, se proclama la libertad religiosa, lo que lleva a instaurar constitucionalmente la libertad de culto a partir de 1791. Pero estábamos aún lejos de un Estado auténticamente laico. En Francia, no es sino hasta 1905 cuando se produce una separación real, constitucionalmente estipulada, entre la Iglesia y el Estado.
La laicidad en España: avances y resistencias
Hoy día no existen Estados laicos en gran parte del mundo e incluso en muchas sociedades democráticas occidentales, lo que significa, en definitiva, que no hay libertad real de conciencia.
En España, con el breve precedente frustrado de la Constitución promulgada por la II República, no se consagra la aconfesionalidad del Estado hasta la Constitución de 1978. La ambigüedad del término “aconfesionalidad” pretende eludir la clara determinación del Estado como laico, para contentar así a los sectores de la Iglesia Católica más reticentes a perder parte de su poder y privilegios históricos; lo que se materializó en su momento con la firma del Concordato con la Santa Sede en 1979, aún vigente hoy y denunciado desde muchos sectores como abiertamente anticonstitucional.
Laicismo y masonería: una defensa de la libertad de conciencia
La francmasonería, consecuente con su defensa de la libertad de los individuos y la autonomía moral de los ciudadanos, rechaza toda afirmación dogmática y considera la defensa de la laicidad de vital importancia para la consecución de una sociedad realmente democrática.
Solo desde la estricta neutralidad y separación de los poderes e instituciones públicas respecto a las diferentes creencias y prácticas religiosas se puede materializar la libertad de conciencia, la libertad de pensamiento y, en definitiva, la libertad religiosa consagrada en el artículo 16 del texto constitucional.
Desmontando mitos sobre laicismo y religión
Se ha identificado (de forma errónea y a veces tendenciosa) la laicidad y las acciones políticas, proyectos, iniciativas y normas tendentes a lograrla —englobados bajo el término «laicismo»— como una actitud antirreligiosa. Nada más lejos de la realidad.
Abogar por el laicismo no significa tampoco «inculcar el ateísmo», como han dicho ciertos sectores interesados contrarios a perder sus privilegios. Laicidad significa una equidistancia de las diferentes opciones religiosas y de creencias (incluyendo, por tanto, el agnosticismo y el ateísmo) por parte de los poderes públicos. Porque las creencias están y deben estar en la esfera de lo privado, pertenecen al fuero interno de cada ciudadano y a su libre apreciación individual. Nadie puede imponer su visión moral (basada en dogmas) a la totalidad de la población.
El papel de los poderes públicos en una sociedad laica
Los poderes e instituciones públicas deben representar y servir a toda la ciudadanía, potenciando la libertad, la tolerancia, el respeto y la defensa de los valores democráticos, comunes a todos, sean cuales sean sus opiniones políticas, filosóficas o religiosas. Por eso la laicidad es, como decíamos, un elemento clave del ideario masónico.
Dado que en España se está aún lejos de realizar de forma efectiva una separación real entre la Iglesia y el Estado en numerosos ámbitos, la Agrupación ateneísta Ágora impulsó hace unos años un proceso de diálogo y negociación entre diversas asociaciones ciudadanas (más de 20). Entre ellas, destacaron grupos religiosos cristianos de base y obediencias masónicas como la Gran Logia Simbólica Española.
Este proceso culminó, tras casi un año de reuniones y trabajos, en la presentación, el 15 de junio de 2011, en el Ateneo de Madrid, de un “Manifiesto por un Estado Laico” que impulsaba cinco medidas mínimas para el desarrollo y la implementación de lo establecido en nuestra Constitución.
El “Manifiesto por un Estado Laico” y sus cinco propuestas
- Defensa del Principio de Laicidad del Estado como garantía del derecho de libertad de conciencia de toda la ciudadanía.
- Por una educación pública laica.
- Promover una Ley de Libertad de Conciencia en el marco de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
- Supresión de todo tipo de financiación pública a las iglesias.
- Eliminación de los Acuerdos del Estado Español con la Santa Sede.
Laicidad como garantía de libertad y democracia
Concluyendo, los francmasones consideramos, al igual que muchos practicantes de diferentes religiones, que la consecución de la libertad de conciencia y la libertad religiosa real solo pueden darse en un Estado laico.
Lecturas recomendadas