DIEZ MEDITACIONES PARA EL SOLSTICIO DE INVIERNO
«Un cuaderno breve para el tiempo más oscuro del año y el regreso de la claridad»
Aportado por Isabel
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Días alciónicos y solsticio de invierno
Me manda esta mañana mi amiga Rocío un artículo de Irene Vallejo, porque sabe que me gusta mucho. Irene ama a los griegos, la mitología grecorromana y las palabras. Las mismas cosas que yo amo, solo que ella sabe muchísimo más que yo y sabe contarlo de una forma muy especial, relacionando aquellos tiempos pretéritos con las vivencias presentes.
En esta ocasión habla en su artículo de los “días alciónicos”, días de bonanza entre tormentas, en torno al solsticio de invierno.
Y es que, el solsticio de invierno es un momento propicio para bajar el ritmo ajetreado, mirar hacia adentro y reflexionar.
El solsticio de invierno en la masonería
Para los masones el solsticio de invierno es una ceremonia muy importante, que nos invita a la reflexión. Os recomiendo el artículo de Irene Vallejo y, por mi parte, os propongo 10 breves meditaciones para solsticio de este año 2025:
Primera: Guardar la tradición
“Un pueblo queda caracterizado no tanto por sus grandes hombres como más bien por la forma como los reconoce y honra”. Los masones opinamos igual que Nietzsche, respetamos y honramos las tradiciones de quienes nos precedieron al tiempo que miramos al futuro. Hoy, como hicieron quienes vivieron antes que nosotros desde hace siglos, honramos al sol, los ciclos naturales, y damos la bienvenida a un nuevo comienzo. Somos hijos de nuestros antepasados y padres de las nuevas generaciones. Nuestras decisiones y acciones presentes son los cimientos de lo que seremos y viviremos mañana.
Segunda: Sentirse uno con la naturaleza
La contaminación lumínica nos roba la visión de las estrellas. De noche, en la calle, las luces de las farolas nos permiten ver el espacio inmediato, pero nos niegan una visión mayor, nos roban la visión de las estrellas. Los calendarios hacen innecesaria la atención a los movimientos de los astros para el conocimiento de los ciclos agrícolas. Enclavados en la civilización, en su tecnología, en sus ideas, en sus preocupaciones, olvidamos algo que nos conecta con realidades mayores. Con lo más universal. Olvidamos que somos uno con lo que nos rodea.
La naturaleza, pone constantemente a nuestra disposición enseñanzas para la vida. En estos dias nos muestra un sol que se detiene, que descansa para tomar impulso y un suelo que duerme mientras bajo él germina la semilla. Tomémonos un respiro, cuidémonos. Es un momento para descansar y revitalizarse, así como lo hace la naturaleza.
Tercera: Realidad y apariencia
En el solsticio de invierno parece que el sol se detiene, pero en realidad su movimiento nunca cesa. La física demuestra que las cosas que percibimos como sólidas están compuestas en su mayoría por vacío. La neurociencia explica cómo las sensaciones de color, sabor y olor son interpretaciones del cerebro, y no propiedades intrínsecas de los objetos. Tenemos el hábito de juzgar como “reales” las formas de las cosas, pero la verdad no es siempre lo que parece. No encendamos hogueras para castigar creencias e ideas distintas a las nuestras, no seamos dogmáticos, quizá estemos equivocados, quizá solo tengamos una parte de la verdad. La búsqueda de la verdad requiere apertura mental. No es una empresa fácil, pero es el único camino posible.
Cuarta: Punto de apoyo
Dame un punto de apoyo y moveré el mundo. Ninguna época mejor que esta del solsticio de invierno para elegir el punto desde el que tomar impulso: un punto medio de equilibrio entre la sombra y la luz, la realidad y la apariencia, el fin de un ciclo y el comienzo del siguiente. Un momento para situarse en un punto medio no de cómoda equidistancia irreflexiva; un punto medio razonado y guiado por la prudencia para encontrar el justo medio en cada situación particular. Y desde ahí coger fuerza y dar un salto hacia las estrellas.
Quinta: Repetición. Recreación
La celebración de un mismo ritual periódicamente nunca es en vano. En cada ocasión se aprehende algo que en ocasiones anteriores pasó desapercibido. Además, los rituales permanecen iguales en esencia, pero a menudo se introducen elementos nuevos y creativos, que los actualizan, que los llevan a un nivel superior en un proceso evolutivo en espiral.
Hoy, en el mundo profano, los rituales comunitarios relacionados con los ciclos de la naturaleza y de la vida han sido capitalizados. La Navidad, ritual de profundo sentido emparentado con el solsticio de invierno, se vive como la gran celebración del consumo, de la banalidad y de la repetición de rituales vacíos. Repensemos el significado que tienen estas fiestas, el que han tenido en otras épocas y el que deseamos que tengan para nosotros.
Sexta: Sombra y luz
El solsticio de invierno nos ofrece luz y oscuridad a partes iguales, sin prevalencia de una sobre la otra, al tiempo que anuncia el paulatino triunfo de la luz. ¿Cómo podemos hacer que triunfe la luz en nosotros? El método masónico que inspira los trabajos en logia busca, a través del simbolismo de las herramientas y su uso, poner luz en la oscuridad, haciendo consciente la sombra propia, para conseguir una personalidad más completa, para eliminar máscaras y ser más libres y para comprender mejor las sombras de los demás.
Séptima: El Sol
Hablar del sol nunca está de más porque le debemos la vida. El sol simboliza la fuerza. Fuerza que no es fuerza física sino interior, constancia y fortaleza de ánimo para hacer lo que se tiene que hacer, es decir, para actuar con justicia. El sol sale todos los días, su trabajo incansable, su ritmo y perseverancia nos permiten percibir la noble sencillez y serena grandeza de la normalidad, de la dedicación de toda una existencia al servicio de la vida.
Octava: Fraternidad
Solo podemos amar aquello que no ignoramos; solo nos sentiremos Humanidad si nos reconocemos en otras miradas, si conseguimos sentirnos eslabones de una misma cadena, con todos los seres humanos sea cual sea su tiempo y cultura. El solsticio de invierno nos iguala como Humanidad, pues en este día en todos los rincones del mundo celebramos un mismo acontecimiento astronómico de profundo significado. Quizá el mayor éxito de esta fiesta compartida sería que nos sintiéramos un poco más cercanos, que entendiéramos que el progreso individual no es tal si no tiene por horizonte el progreso colectivo. Podemos sentirnos impotentes ante el sufrimiento de millones de personas, pero está en nuestras manos cuidar a quienes están cerca. Los dias que se avecinan son una oportunidad para fortalecer lazos y conectar con los seres queridos.
Novena: Esperanza
El momento del solsticio es el memento mori por antonomasia. La naturaleza, que muere y renace, se convirtió en un modelo para entender la vida y la muerte como un proceso de transformación constante. Eso es el viaje iniciático, metamorfosis, muerte y resurrección simultáneas; y la esperanza… el ingrediente necesario que no puede faltar en el morral del peregrino que hace el camino.
Permitidme una referencia literaria, el relato de un viaje iniciático, Retorno a Tipasa, un brevísimo ensayo de Albert Camus, de apenas diez páginas, las justas. Devastado y desencantado por la guerra realiza, en un mes de diciembre, un viaje en busca de la inocencia muerta, la moral y la justicia que siente perdidas, y aún de la misma esperanza. Dejó allí escrita una frase que pareciese dedicada a nosotros hoy: “en medio del invierno, descubrí que, dentro de mí, había un verano invencible”.
Décima: La de cada uno… la mía…, la tuya
Los masones pedimos para cada nuevo iniciado la Luz. La búsqueda de luz es búsqueda de sentido. Sentido de todo, del yo y el tú, sentido de la dignidad, la igualdad, la libertad, la justicia, sentido del tiempo y del espacio, sentido de las palabras, de los actos, de los ritos… También la ceremonia del solsticio de invierno ha de tener sentido. Un sentido que todos compartamos, y un sentido solo mío, solo tuyo, íntimo, capaz de llevarme, llevarte, por los caminos del renacimiento.
Lecturas recomendadas
Masonería mixta
La mixticidad como principio
Una diferencia visible entre la masonería liberal y gran parte de la tradición regular es cómo se organiza el acceso de las mujeres. En muchos cuerpos regulares la práctica sigue siendo masculina y se apela a la continuidad de las antiguas normas. En cambio, la masonería mixta liberal y adogmática entiende que la igualdad entre mujeres y hombres no es un añadido, sino una condición de coherencia con la fraternidad. Ahora bien, conviene matizar que en el mundo anglosajón existen también obediencias femeninas separadas con las que la Gran Logia Unida de Inglaterra mantiene relaciones cordiales, aunque sin intervisita ritual.
Antecedentes y excepciones tempranas
Aunque la masonería moderna se organiza en el siglo XVIII, su forma dominante se concibió durante mucho tiempo como una fraternidad de varones. Por eso, los casos de mujeres vinculadas a la masonería aparecen a menudo como excepciones y, en ocasiones, como relatos transmitidos por la tradición.
Un ejemplo conocido es Elizabeth Aldworth, llamada la Lady Freemason. La tradición irlandesa sitúa su iniciación a comienzos del siglo XVIII, ligada a una logia que trabajaba en Doneraile, aunque los detalles exactos varían según las fuentes y se presentan, en parte, como memoria histórica.
Las logias de adopción en Francia
En Francia, otra vía fue la llamada masonería de adopción. Se trataba de talleres vinculados a logias masculinas, bajo su tutela, que permitían la participación femenina con rituales propios. En 1774 el Gran Oriente de Francia reguló y reconoció este sistema, lo que favoreció su expansión, pero manteniendo una relación de dependencia respecto a los talleres de varones.
El hito de 1893: Le Droit Humain
El salto decisivo hacia la masonería mixta llega en 1893 con la fundación en París de Le Droit Humain, impulsada por Maria Deraismes y Georges Martin. A partir de ese momento, la mixticidad deja de ser una solución indirecta y pasa a ser un modelo pleno: mujeres y hombres inician y trabajan en igualdad, dentro de una estructura estable y con vocación internacional. Por eso, más que una anécdota histórica, 1893 marca un cambio de paradigma en la masonería mixta contemporánea.
