Tiempos inciertos, Alemania entre guerras
«Nazismo y masones, Decreto Noche y Niebla»
Aportado por Caminante
La República de Weimar: una democracia entre la esperanza y la incertidumbre
La Exposición recientemente finalizada del Caixa Fórum «Tiempos inciertos. Alemania entre guerras», aborda la República de Weimar, periodo de comprendido entre los años 1918 y 1933. Este breve periodo de tiempo representó una nueva oportunidad para la Alemania derrotada, sin embargo, entre tensiones e incertidumbres, se pasó de una democracia real, renovadora y apoyada en los ideales ilustrados de la libertad, la igualdad y la razón al terror totalitario del nazismo. De una Alemania ilustrada, cosmopolita y que apuesta por la transformación a otra que se instala en la arrogancia militar, la sumisión a la autoridad y la nostalgia del imperio.
La primera guerra mundial fue la primera «guerra total» de la historia, todos los recursos humanos, militares, industriales, tecnológicos, científicos e ideológicos del momento se pusieron al servicio del conflicto, provocando millones de muertos y a los que sobrevivían secuelas físicas y psicológicas.
Revolución de Noviembre y el nacimiento de la República de Weimar
En 1918, en los estertores de la gran guerra, con una Europa sembrada de millones de muertos y Alemana prácticamente derrotada se produjo la Revolución de Noviembre que propició el cambio de la Monarquía constitucional del Kaiserreich alemán a una república parlamentaria y democrática (la República de Weimar). Mientras tanto, en las calles se ven deambular supervivientes rotos por dentro y por fuera, en sillas de ruedas y con secuelas físicas y psicológicas de carácter crónico. Frente a ellos conviven paradójicamente aquellos que buscan salir a flote con nuevos ideales de belleza y fortaleza, símbolos de una nueva sociedad moderna. El arte se hace eco de estas dos realidades, cuerpos vulnerables y abatidos frente a cuerpos atléticos con afán de superación y que miran el futuro con optimismo.
Sin embargo, en todo momento quien marca el pulso de la sociedad es la economía y esta distaba mucho de ser la ideal, pese a los intentos del gobierno por mejorar las condiciones, la hiperinflación entre 1919 y 1923 y la endeble situación post bélica desencadenaron una gran tensión social que desembocó en violencia política, conflictos sociales, saqueos, suicidios…

Los dorados años veinte: arte, cultura y avances científicos
A pesar de todo en 1923 y con un gran esfuerzo del Gobierno de la República se consigue reformar el sistema económico y Alemania recupera el equilibrio social y político. Comienzan los denominados «dorados años veinte», de 1924 a 1929, una época de tolerancia, experimentación y creatividad, sobre todo en las grandes ciudades.
Así en el arte pictórico conviven el expresionismo y el radicalismo dadá, el constructivismo, y la nueva objetividad. A la vanguardia se sitúa la escuela Bauhaus que fusiona la obra de arte tradicional con la técnica, creando un nuevo tipo de objetos con utilidad práctica.
En cuanto a la música se desarrolla por un lado una innovación sin precedentes que gira alrededor del dodecafonismo de Schönberg que sustituye el sistema jerárquico tonal por otro de doce notas sin jerarquía entre sí, y por otro la fusión de estilos como el popular, el jazz o la música clásica. En oposición a esto, aparecerá el idealismo romántico tardío (por ejemplo las óperas de Wagner) que los nazis se apropian a posteriori y fuera de contexto con fines políticos.
Por lo que a la ciencia se refiere nuevos teorías sacuden el pensamiento tradicional y plantean nuevas posibilidades que con el tiempo han resultado trascedentes no sólo para el campo de la experimentación sino también para el del pensamiento global. Tradicionalmente la ciencia determinista ha buscado certezas para alcanzar verdades absolutas por medio de la física y de las matemáticas, sin embargo esta se ve cuestionada por la física cuántica, que atribuye una naturaleza probabilística a la realidad. Determinismo frente a probabilidad. El físico alemán y ganador del Nobel Werner Heisenberg nos descubre una característica esencial del mundo subatómico: la indeterminación. Este principio que niega la posibilidad de conocer simultáneamente la posición y la velocidad de una partícula, abre la puerta a una interpretación de la realidad basada en la incertidumbre. La teoría de la relatividad de Einstein defiende, a su vez, que la realidad observada puede variar en apariencia según el punto de vista de quien observa aunque la naturaleza del objeto se mantenga estable. ¿Cómo podemos plasmar estos principios abstractos en el mundo que nos rodea? Con el tiempo se han ido impulsando grandes innovaciones tecnológicas en el campo de la informática, en la forma en la que procesamos y transmitimos información, en medicina, fisiología, la resonancia magnética utiliza principios cuánticos para obtener imágenes minuciosas del interior del cuerpo humano.
El Debate de Davos de 1929: reflexiones sobre el ser humano
Entre el 17 de marzo y el 6 de abril de 1929, se celebró el Debate de Davos en la ciudad suiza del mismo nombre, un curso universitario que giró en torno a la pregunta “¿Qué es el ser humano?” En el encuentro participaron los filósofos Ernst Cassirer y Martin Heidegger que proponen dos enfoque antagónicos, así Cassirer se centró en la idea de que los seres humanos comprenden el mundo a través de símbolos y mitos. Para él, la cultura, el lenguaje y el arte son fundamentales para la experiencia humana. Por otro lado, Heidegger lo enfocó en la existencia y la experiencia del ser, en la autenticidad y cómo los individuos pueden vivir de manera más plena al confrontar su propia existencia.
Sin embargo, los avances económicos y sociales, el desarrollo del arte, de la ciencia, del pensamiento que parecían aflorar durante los “Dorados años veinte” se vieron cercenados por la gravísima crisis de índole mundial provocada por el crac de la Bolsa de Nueva York de 1929. La República que parecía estar recuperándose de las secuelas de la Primera Guerra Mundial dependía en gran medida de los préstamos estadounidenses para estabilizar su economía. Cuando la bolsa se desplomó, muchos de esos préstamos se retiraron, lo que llevó a Alemania a una crisis económica de la que ya no pudo salir. La economía se contrajo, el desempleo aumentó y la inflación se disparó, lo que generó un gran descontento social y político que fue aprovechado por radicales, extremistas y fanáticos, como el Partido Nazi, firmando la sentencia de muerte de la República de Weimar.

El ascenso del nazismo y la persecución ideológica: masonería y nazismo en Alemania
El 30 de enero de 1933, Hitler fue nombrado canciller de la República de Weimar. El 10 de mayo de 1933, tiene lugar la denominada «Acción contra el espíritu antialemán», estudiantes y profesores de varias universidades, reunidos en Berlín, lanzaron a la hoguera, en lo que llamarían «acto de fe», las obras de todos los autores que condenaban como no alemanes. Con el control del arte y de la cultura por la ideología nazi se inicia una época de censura, terror y persecución sistemática de judíos, marxistas, pacifistas, masones… y otros opositores políticos. La quema de libros simboliza el final de la República de Weimar y el comienzo de la barbarie totalitaria que conducirá a Alemania, a Europa y al mundo a la Segunda Guerra Mundial y al Holocausto.
La masonería en Alemania durante el periodo entre guerras experimentó un resurgimiento, ya que muchos buscaban nuevas formas de fraternidad y apoyo en un país que enfrentaba grandes cambios sociales y políticos. Sin embargo, con la llegada del régimen nazi en 1933, la situación cambió drásticamente. Los nazis veían en la masonería una amenaza promoviendo teorías de conspiración en su contra. Se crearon oficinas en la Gestapo para perseguir a los masones, las logias fueron cerradas, se confiscó todo incluida la lista de miembros, se estima que unos sesenta y cinco mil fueron asesinados. Por medio del «Decreto Noche y Niebla» es decir de noche y a escondidas, se hizo desaparecer a multitud de personas cuyo rastro debía ser borrado y enterrados en tumbas anónimas, otros muchos fueron encarcelados o enviados a campos de concentración. A pesar de esto, algunos masones continuaron operando en la clandestinidad. A destacar la Logia Liberté chérie («libertad querida») fundada por siete masones belgas y que trabajó en el barracón nº 6 del campo de concentración de Esterwegen.
La flor «no me olvides» símbolo de reconocimiento entre hermanos, resistencia y esperanza, se convirtió además en memoria de los asesinados o de quienes habían sufrido a causa de su condición de masón. El «no me olvides» también evocaba la esperanza de que los valores de libertad, igualdad y fraternidad, no serían olvidados a pesar de la opresión.

Lecciones de Weimar para el presente
Un siglo después de Weimar aún resuenan algunas de las tensiones y transformaciones vividas entonces. Al igual que ellos, hoy somos testigos de avances sociales, económicos, artísticos y tecnológicos, pero a la vez, las grandes desigualdades hacen aflorar incertidumbre, malestar y miedo.
Hoy se hace más necesario que nunca la escucha, la reflexión, el debate y el activismo pacífico, conocer y aprender del pasado, lidiar con la incertidumbre, y a partir de ahí construir una sociedad, un mundo, un presente y un futuro de luz y esperanza.

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