Por ser masón y amigo mío
«Atilano Coco, masón»
Atilano Coco Martín fue un pastor protestante español, republicano y masón. Amigo de Miguel de Unamuno, detenido por los nacionales en 1936 y posteriormente asesinado. Su figura fue rescatada por Alejandro Amenábar en la película “Mientras dure la guerra”. Estas breves palabras resumen una vida intensa y de compromiso y que Amenábar rescató del ostracismo. Hagámosle también nosotros justicia a su memoria.
Atilano nació en Guarrate (Zamora) en 1902, en el seno de una familia de labradores acomodados y de confesión anglicana. Estudió en la escuela que esta iglesia tenía en Villaescusa. En 1929 se hizo cargo de la no muy numerosa congregación evangélica salmantina, siendo ordenado Diacono de la Iglesia Española Reformada el 24 de septiembre de 1933. En 1936, alcanzó el título oficial de maestro concedido por la Escuela Normal de Maestros de la Universidad de Salamanca.


Su figura fue rescatada en la película “Mientras dure la guerra”
Un destacado activista político
Además de presbítero y profesor, fue un destacado activista político, afiliado al Partido Republicano Radical Socialista y miembro de Unión Republicana, caracterizada por un ideario laico radical, anticlerical, pacifista, defensor de un liberalismo social de raíces jacobinas, así como de la República Federal. El PRRS tuvo una importante conexión con la masonería a la que muchos de sus miembros pertenecieron. Coco fue iniciado el 13 de julio de 1928 en la logia Constante Alona nº 1 de Alicante, adoptando el nombre simbólico de Timoteo. Se conserva la carta o «plancha masónica» que la Gran Logia Simbólica Regional del Levante envió a la Comisión Permanente del Gran Consejo Federal Simbólico del Grande Oriente Español. En Salamanca participó en 1933 en la refundación de la logia Helmántica nº 22, en la que ocupó el cargo de Secretario y Venerable Maestro. Las tenidas de este taller masónico se celebraban en la propia vivienda de Coco, en concreto en el comedor, que tenía un simbólico suelo de baldosas ajedrezado. También fue uno de los fundadores, en Salamanca, de la Liga Española de los Derechos del Hombre, entidad que llegó a estar presidida por el propio Miguel de Unamuno.
Objeto de persecución
Siendo protestante, maestro, republicano y masón fue objeto de persecución por los militares sublevados, siendo detenido un caluroso 31 de julio de 1936, “supuestamente” acusado de «propalador de noticias falsas» e ingresó en la prisión provincial a disposición del comandante militar. Durante todo el tiempo que permaneció en prisión nunca fue acusado formalmente de nada. Cuando supo de la detención, Unamuno se interesó por su situación visitando a su esposa, quien a su vez también visitó al escritor en alguna ocasión requiriendo su ayuda. Visto el desconocimiento de las causas reales de su detención, Atilano Coco escribió a su famoso amigo, al menos, que se sepa, dos cartas que seguramente hizo llegar la propia esposa del encarcelado y en la que agradecía las gestiones y e interés manifestado por el escritor. A finales de septiembre de 1936, Unamuno se encontraba en cama enfermo y una angustiada Enriqueta Carbonell se acercó hasta su casa para entregarle una nota en la que le recuerda la grave situación de su marido solicitando su ayuda, en el reverso de esta nota Unamuno garabateó el discurso que dio en el paraninfo salmantino y en el que hizo célebre la frase «Venceréis, pero no convenceréis», algo que le costó la destitución como rector y el ostracismo político.

Fusilado sin formación de causa
Un frío 9 de diciembre de 1936, Coco fue oficialmente puesto en libertad por orden del gobernador militar, pero realmente fue conducido al monte de La Orbada, en la carretera de Valladolid, y fusilado sin formación de causa. Dieciséis días después fallecería su amigo D. Miguel de Unamuno, dejando ambos testimonio de su eterna amistad. Unos días después del fatal desenlace de Atilano y poco antes del suyo propio, Unamuno escribió al escultor Quintín de Torre, haciéndole participe tanto de la muerte de su amigo como de la situación en la que se encontraba la ciudad de Salamanca, donde en palabras del escritor se produce “la más bestial persecución y asesinatos sin justificación (…), corre a cargo de un monstruo de perversidad (…) que es el general Mola… han asesinado (…) al pastor protestante de aquí, por ser masón y amigo mío. A mí no me han asesinado todavía estas bestias al servicio del monstruo» La mirada limpia y transparente de Atilano nos habla de un hombre bueno y comprometido con la paz y no puede ser olvidada, si bien hasta la fecha todos los intentos por encontrar sus restos han sido infructuosos, la Asociación Memoria y Justicia y la Iglesia Evangélica de Salamanca han suscrito un acuerdo para reactivar la búsqueda, ojalá llegue a buen puerto y podemos honrar sus memoria como merece.
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